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ACTIVIDADES

UN LUGAR PARA DEJARSE PERDER
Belmonte es un pueblo para caminarlo, para pasear sus calles, descubrir rincones, vistas y edificios que guardan testimonio de pasadas glorias y noblezas. Dispones de visitas culturales por Belmonte, La Colegiata y el Castillo con guías turísticos de la zona, Visitas a Bodegas de la zona, jornadas de caza menor, zona adecuada para hacer senderismo y muchas actividades más.
OBJETOS Y MOBILIARIO DE LA ESTANCIA

La idea de residencia fija será más bien tardía, por ejemplo, los Reyes Católicos no tenían una residencia permanente, sino que tienen “cuartos reales” (Alcázares, Catedral de Toledo, monasterios…). El ajuar era de dos tipos, “durmiente” es decir que se quedaba perennemente en su ubicación, por ejemplo, las cuatro patas vulgares de una cama, o transportable, siendo este último el más rico, arquetas, objetos de plata, marfil, códices miniados, cajas de oro, objetos litúrgicos… ¡Se transportaban incluso hasta los cristales de las ventanas! En este caso, por ejemplo, nos encontramos en un cuarto de servicio, donde se realizaban diversas tareas; se le daba diferentes usos al mobiliario, al espacio, y a cada uno de los elementos con los que nos encontramos aquí. Vivían sin privacidad, que una persona tuviera un dormitorio exclusivo denotaba su rango social, y tan sólo un rey o un gran señor tenía su propia alcoba, todo está muy jerarquizado y regulado. El libro de Horas de Isabel la católica cuenta como en una cama llegaban a dormir cuatro duques juntos.

En el siglo XV, los afortunados comían tres veces al día y su dieta se basaba en pan y carne, a los que se añadía queso o pescado y se complementaba con las verduras y los vinos autóctonos. Los menos afortunados comían una vez al día y su dieta era básicamente queso y pan, que se preparaba con un amasijo de mijo y avena, cocido con agua, leche y sal. De vez en cuando, las clases menos pudientes podían pasar de la escasez a los atracones, ya que cuando los señores celebraban banquetes y grandes fiestas podían quedarse con las sobras de la comida. No había platos, como mucho “tincheros” que eran tablas normalmente circulares, aunque también los había cuadrangulares, que solían ser de estaño. Comían en recipientes sencillos, cuencos en los que la comida venía servida; tampoco había cubiertos, como mucho, cucharones compartidos y había un cuchillo que se usaba para todo lo demás, también había recipientes para especias y salsas, los tenedores en cambio serán una rareza hasta bien entrado el siglo XVII. Para beber se utilizaban sobre todo cuencos, aunque también había vasos de cerámica, vidrio y plata.

Chimenea: En ella siempre se encontraban brasas, tanto para dar calor a la estancia, como para cocinar los alimentos en las marmitas y calderos.

Arca: Era fundamental en cualquier dependencia de época medieval. En este caso, nos encontramos con un arcón donde se almacenaban los alimentos y los utensilios de cocina.

Mesa: Generalmente muy básicas, estaban compuestas por un tablón y borriquetas. Se cubría con un mantel para embellecerlo.

Banquetas: Eran muy simples y en ellas se podían sentar sólo las personas de mayor categoría ya que el asiento era considerado como algo privilegiado.

Jergones: Eran unas finas colchonetas que al llegar la noche y una vez despejado el espacio de esta estancia, se estiraban y se utilizaban para dormir.

Escudillas: Eran unos cuencos multiusos, donde habitualmente solían servirse los alimentos para comer.

Redoma: Es un tipo de botella con cuello largo para contener líquidos, como por ejemplo aceite, que se encontraba en las mesas para condimentar los alimentos.

Especias: Como legado Andalusí, se utilizaban para cocinar. Eran especialmente caras, aunque por estos parajes se cultivaban ciertas hierbas como el romero y el azafrán.

Alcuza: Era un contenedor de líquidos, una variedad de caldero que servía para transportar los caldos de la bodega a las cocinas y las mesas.

Lebrillo: Eran unos grandes barreños de cerámica que servían generalmente para almacenar los alimentos antes de los guisos.

Orza: Eran unas vasijas, normalmente de barro cocido, en las que se almacenaban los alimentos para su conservación.

CAMA O «LECHO» EN LA EDAD MEDIA

Imagen Lecho 3

La cama es el eje principal del dormitorio, ya que en torno a éste se adaptan todas las necesidades de la vida doméstica. En el siglo XV, además de su función básica, el descanso nocturno, la cama era el lugar donde el señor pasaba la mayor parte del día, despachando con sus vasallos. La cama era muestra del lujo y riqueza pues los señores del Castillo eran los únicos que disfrutaban de este mueble. Durante la Edad Media era costumbre común compartir el lecho por rango de iguales en la complicada jerarquía estamental.

La importancia ornamental de la cama dependía de su ajuar textil compuesto de ricas telas de vivos colores y vistosos bordados ya que el armazón carecía de importancia. En esta época se utilizaban las “camas de paramentos”, en la que los cortinajes pendían del techo y cubrían los cuatro costados. Todas estas piezas textiles, además del cobertor (colcha), se confeccionaban con el mismo tipo de tejido para darle unidad.

El armazón era de madera y el ajuar se colocaba sobre él o dentro. En una cama señorial de estas características, el ajuar comprendía varias capas: un colchón inferior confeccionado con materiales bastos como aislante del frío suelo; varios colchones más finos tapizados de ricas telas, las coberturas de los colchones, y los cobertores para taparse del frío. Todo ello se completaba con almohadones para la cabeza, los pies y para apoyar el codo.

Durante el siglo XV se comienza a generalizar el término de “ropa de cama” para designar todas estas piezas textiles, tanto interiores, como exteriores. Todas ellas se confeccionaban con los más finos hilos y decoradas lujosamente como símbolo de majestuosidad.

MOBILIARIO Y OBJETOS DE LA ALCOBA

Alcoba - composición con números

1.- Reclinatorio: Uno de los pilares de la vida cotidiana en la Edad Media era la religión. La nobleza dedicaba varios momentos del día a la oración, en pequeños reclinatorios fabricados en madera. Sobrios y cubiertos por los ricos textiles, los reclinatorios servían además para adornar la alcoba. En el suelo, se colocaba un plumazo o cojín para que el señor pudiese arrodillarse.

2.- Libro de Horas o Devocionario: Como ya se comentó en el Estrado, los Libros de Horas eran manuscritos diseñados para la oración y seguían un ciclo de horas canónicas, es decir, momentos específicos del día designados para la oración según el calendario litúrgico de la Iglesia Católica. Las páginas de los libros medievales podían realizarse con pergamino o con papel, material introducido por los árabes, que era mucho más económico.  La letra utilizada era la gótica, y una vez escrito, los especialistas dibujaban las miniaturas y las letras capitales. Posteriormente, los cuadernos o pliegos de páginas eran cosidos y cubiertos por un cuero grueso o tapas de madera, que podían incluir además ricas telas, piedras preciosas, oro, plata, etc.

tríptico nacimiento

3.- Tríptico del Nacimiento de Jesús: (1443 – 1448). El tríptico que vemos, réplica del que se conserva en el Museo de Lázaro Galdiano de Madrid, representa la Natividad de Jesucristo en tres escenas: el Nacimiento en el panel central, la Anunciación a los pastores en el panel izquierdo, y el Viaje a Belén de los Reyes Magos en el panel derecho. Es una obra muy significativa, tanto por su valor artístico como por su importancia histórica y religiosa, con una técnica y estilo que refleja la influencia de la pintura flamenca de la época.

4.- Cama: véase Cama o «Lecho» en la Edad Media.

5.- Arcón ensayalado: En la Edad Media, un arcón ensayalado era un tipo de cofre o arcón utilizado para almacenar y transportar objetos valiosos, como ropa y pertenencias personales. estos arcones se forraban, tanto en el exterior como en el interior, con diversas telas cubriendo toda la madera. Normalmente tenían forma de baúl con tapa curva y servían para almacenar ropa y objetos preciosos de sus propietarios. Este tipo de arcón se caracterizaba por no tener patas, lo que permitía que se pudieran colocar sobre los animales para transportar los objetos del señor en sus viajes.

6.- Arqueta: Era un arca de pequeñas dimensiones, realizadas en madera con ilustraciones en ocasiones de materiales preciosos, como hueso, marfil o esmaltes dependiendo de la riqueza y el estatus social de su propietario. Eran comunes en hogares, así como en entornos comerciales y administrativos y se utilizaban para guardar objetos de valor, documentos importantes, dinero u otros bienes personales.

Castillo 2022 - Javier Tamargo - Alcoba Medieval

VESTIMENTA MEDIEVAL

En el siglo XV, las vestimentas eran un elemento de identificación social, ya que mientras los señores vestían con prendas lujosas y de colores vivos, los laboratores (campesinos, artesanos, siervos…) utilizaban prendas confeccionadas con tejidos bastos y sin variedad cromática. Esto se debía principalmente a que para ellos el vestido era un mero protector del cuerpo que se adaptaba a sus funciones. Al factor económico se le añade además del factor social: La clase trabajadora debía diferenciarse visualmente de los altos estamentos, como manifestaban las leyes de la época.

Las clases altas utilizaban la indumentaria como exponencial socio-económico. La riqueza se mostraba en la calidad de los tejidos de los vestidos y sobre todo en las joyas. Las innovaciones textiles llegaron primero a los trajes masculinos y luego a los femeninos; los cuales comenzaban  a marcar la silueta de la mujer.

LA INDUMENTARIA FEMENINA

Estaba compuesta básicamente por tres piezas: una de contacto con el cuerpo, camisa; sobre esta, otro traje conocido como brial o saya, y, cubriendo las anteriores, un sobre todo: el pellote.

camisa

La camisa estuvo mucho tiempo oculta hasta que empiezan a escotar el brial para que asomen los cuellos y mangas mostrando así los adornos y bordados. Las “camisas margomadas” de tradición morisca datan del siglo XIII y en el siglo XV alcanzan gran difusión siendo buscadas por las distintas cortes europeas. En ellas se emplea gran cantidad de tela que se bordaba o a la que se le aplicaban trozos de tela a tiras, en cuyo caso se llamaban “camisas listadas” con cintas corridas. De buena confección se realizaban en seda reflejando la influencia oriental, con franjas decorativas en puños, mangas y hombros.

dama

El brial era un vestido tejido con telas costosas y ricas, ajustado en la parte superior del pecho y en la cintura. Durante esta época, se confeccionan sin mangas y con amplia sisa para dejar al descubierto parte de los hombros y el pecho, luciendo así las ricas camisas. Bajaba redondo hasta los pies y en el siglo XV comienzan a utilizarse los “verdugados”, aros cosidos a la parte exterior de la falda para darle forma de campana.

Sobre él brial se llevaba un pellote, prenda original de la moda gótica española que se distinguía por su estilo suelto y cómodo. A menudo, estaba confeccionada con telas como la lana o el lino, aunque las versiones más lujosas podían estar hechas de seda u otras telas más ornamentadas.

Para el cabello, el tocado de moda era el “trenzado” o “tranzado” que consistía en un peinado con la ralla en medio cubierto por una tela que cubría las orejas; el pelo se recogía en una sola trenza que  se adornaba con hilos y cintas de colores.

chapinesEn cuanto al calzado, había una gran variedad pero, en la moda hispánica bajomedieval, destacaron los chapines, un tipo de zapato sin talón con gran alza, generalmente de corcho. Este calzado se confeccionaba con piel adornada con dibujos, bordados y lazos.

En España existía clara inclinación por la utilización de mantos, tocas y mantillas; había predilección por las prendas envolventes de las que había gran variedad.

COMPOSICIÓN DEL ESTRADO

Estrado - Composición 1-41.- Alfombras: En esta época, disfrutaban de gran prestigio las alfombras confeccionadas en Alcaraz y otras poblaciones del Marquesado de Villena. Estas alfombras, tejidas principalmente con lana, se elaboraban en distintas calidades: desde hilos gruesos hasta finos de algodón o seda. La gama cromática no era muy amplia, además del blanco y el negro predominaban el azul, el rojo y el amarillo. La decoración era muy variada, con motivos góticos, mudéjares, florales, zoomórficos.

2.- Tapiz: En el estrado podemos observar una réplica del tapiz conocido como «La Vendimia», cuyo original está expuesto en el museo de Cluny de París. Esta magnífica composición retrata la recolección de uvas y el proceso de prensado en un ambiente primaveral. En el siglo XV, la ciudad de Flandes era famosa a por ser la mayor productora de tapices y los de mayor prestigio. Se elaboraban a mano meticulosamente con hilos de seda, lana, oro y plata, y solían representar escenas de caza, de amor cortés, escenas religiosas, bélicas y motivos florales, aunque, sin duda, los temas más abundantes en Castilla eran los de contenido bíblico y religioso.

3.- Cojines y plumazos: En la Edad Media, los cojines y plumazos eran elementos importantes en la vida cotidiana, especialmente en los hogares de la nobleza y la alta sociedad. Podían ser de diversos tamaños y se colocaban en el estrado para apoyar la cabeza, sentarse o recostarse sobre ellos; los cojines solían ser más grandes y blandos, mientras que los plumazos eran almohadas más pequeñas y firmes. Estos almohadones se elaboraban con telas nobles como la seda y el terciopelo en la parte anterior y con cuero por la posterior.

4.- Arqueta: Era un cofre o caja  de almacenamiento, generalmente de pequeñas dimensiones, utilizada para guardar objetos de valor, documentos importantes, joyas u otros artículos personales. Estas arquetas podían estar hechas de madera, metal o incluso cuero, y solían estar decoradas con ornamentaciones como grabados o incrustaciones, como hueso, marfil o esmaltes, dependiendo del estatus y los gustos del propietario. Las arquetas también se empleaban como parte del ajuar nupcial, como dote o regalo de bodas.

Estrado - Composición 5-10

5.- Réplica del cuadro «La Virgen con el Niño y dos ángeles» (1426): También conocido como «Virgen de la granada» o «Madonna de la granada», es una pintura de estilo renacentista italiano, obra de Fra. Angélico. La obra representa a la Virgen María sosteniendo al Niño Jesús, ambos rodeados por un paisaje celestial y angelical. La granada que se encuentra en la mano del Niño Jesús simboliza tanto la divinidad como la redención.

Desde que llegó a España, la Madonna de Fra. Angélico estuvo alojada en el llamado Salón Italiano del Palacio de Liria (Madrid), residencia de los Duques de Alba, y a penas salió de allí hasta enero de 2016, que fue adquirida por el Museo del Prado y pasó a formar parte de su colección de pintura italiana.

6.- Braserillo: Realizados en hierro forjado o en cualquier metal resistente, se colocaban en las diferentes estancias y se llenaban con las brasas de la chimenea para mantener el calor durante los meses más fríos. Estos braseros podían tener diferentes diseños y tamaños, desde pequeños y portátiles hasta grandes y más elaborados, dependiendo de su propósito y del estatus social de quienes los utilizaban.

7.- Hachero: La iluminación de un castillo del siglo XV se conseguía mediante candelas y velas que se colocaban en los diferentes candeleros, candelabros y  hacheros distribuidos en todas las estancias.

8.-Huso: Durante toda la Edad Media, hilar era una tarea diaria para prácticamente todas las mujeres, da igual su clase social. El proceso de hilar comenzaba seleccionando y preparando las fibras crudas, como la lana recién esquilada o el lino después de ser despojado de sus tallos. Luego, las fibras se cardaban para alinearlas y eliminar cualquier impureza, creando una masa fibrosa llamada «mecha». Tras este proceso las fibras se sujetaban al huso, un instrumento de forma alargada que se sostenía en la mano, y se giraba permitiendo que las fibras se enrollaran alrededor de él, formando un hilo continuo.

9.- Libro de Horas o devocionarios: Eran manuscritos o libros de oraciones diseñados para la oración y seguían un ciclo de horas canónicas, es decir, momentos específicos del día designados para la oración según el calendario litúrgico de la Iglesia Católica. El contenido del Libro de Horas variaba, pero generalmente incluía una selección de textos devocionales, salmos, himnos, lecturas de la Biblia, así como ilustraciones ornamentadas y decorativas.

10.- Silla de Caderas: También conocidas como “jamugas”, eran un tipo de asiento plegable que permitía adaptarlas a las sillas de montar de las caballerías. Estos asientos se fabricaban en madera con decoración mudéjar;  el asiento y respaldar se confeccionaban en cuero repujado, guadamecíes o terciopelo. Además, se solían colocar cojines como señal de majestuosidad, ya que en ellas, se sentaban los señores.

JUANA «LA BELTRANEJA»

Juana La Beltraneja 2.jpg

JUANA DE CASTILLA

Más conocida como «la Beltraneja», era hija de Enrique IV de Castilla y su esposa Juana de Portugal, pero su legitimidad como heredera al trono de Castilla fue puesta en duda, ya que sus adversarios políticos decían que era hija ilegítima del rey. De ahí viene el apodo que le otorgaron, «La Beltraneja», refiriéndose a la supuesta relación extramatrimonial de su madre con Beltrán de la Cueva.

Esta disputa por la sucesión al trono dio origen a la Guerra de Sucesión Castellana (1475 – 1479), que enfrentó a Juana la Beltraneja y a su tía Isabel, más tarde Isabel I de Castilla. Finalmente, Isabel I prevaleció y se convirtió en reina de Castilla, uniéndola con la Corona de Aragón mediante su matrimonio con Fernando II de Aragón. Este evento marcó el inicio de la unificación de España como un estado bajo una sola corona. Juana la Beltraneja pasó el resto de su vida en el exilio.

El Castillo de Belmonte desempeñó un papel crucial en la vida de Juana la Beltraneja. Durante la Guerra de Sucesión, don Juan Pacheco, Marqués de Villena, se declaró partidario del bando de doña Juana convirtiendo su castillo en unos de sus principales bastiones de apoyo y sirviendo como fortaleza desde donde atacar a los partidarios de Isabel I de Castilla. Tras la victoria de Isabel I, el Castillo de Belmonte pasó a formar parte de la Corona de Castilla. La relación entre Juana la Beltraneja y el Castillo de Belmonte fue muy estrecha llegando, incluso, a inspirar distintas leyendas.

LA LEYENDA Juana La Beltraneja Huída

Existe en Belmonte una leyenda según la cual Juana la Beltraneja se escapó del castillo por una ventana de la capilla para huir de su custodio, don Diego López Pacheco, quien perdió casi toda su hacienda por defender su causa.

Al no haber documentación que atestigüen esta historia se convierte rápidamente en leyenda. Los textos indican que Juana la Beltraneja estuvo custodiada la mayor parte de su vida. En principio por la familia Mendoza en los castillos de Buitrago de Lozoya y Trijueque, y a partir de 1470, año en que contrae matrimonio por poderes con el duque de Guyena, por don Juan Pacheco, quien la custodió en el castillo de Escalona y en el Alcázar de Madrid.

Muerto don Juan Pacheco en 1474, su hijo Diego López Pacheco la trasladó del Alcázar de Madrid nuevamente al castillo de Escalona y desde allí al de Trujillo, donde estuvo cuatro meses, custodiada y protegida por el alcaide Pedro de Baeza. En diciembre de 1474, Enrique IV fallece de manera inesperada, sin que se encontrara su testamento y un día más tarde, Isabel se declara Reina de Castilla. Como reacción, en mayo de 1475, don Diego y otros caballeros escoltaron a doña Juana a Plasencia y se la entregaron a su tío y prometido, el rey Alfonso V de Portugal, Juana contaba con tan solo 12 años.

Pero la leyenda tiene su fundamento. En agosto de 1468, su madre, la reina Juana de Avís, que estaba custodiada en el castillo Alaejos por Alfonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla, se escapó desde los adarves metida en una cesta. En el exterior le estaba esperando su amante, Pedro de Castilla, sobrino del arzobispo, y juntos huyeron a Buitrago de Lozoya donde estaba custodiada su hija Juana.

La reina tuvo con don Pedro de Castilla dos hijos gemelos ilegítimos: Andrés y Pedro, que terminaron por arruinar su poca honra. Con el paso del tiempo, el vulgo atribuyó a su hija, Juana La Beltraneja, el acontecimiento de huida protagonizado por la madre y cambió el castillo de Alaejos por el de Belmonte, con lo que surgió esta leyenda.

IMPRESIONANTE EDIFICIO RELIGIOSO MANDADO CONSTRUIR POR EL MARQUÉS DE VILLENA.
LA MANCHA EN ESTADO PURO
EL PASADO ROMANO A LAS PUERTAS DE BELMONTE
ARQUITECTURA Y TRADICIÓN